Tranquilamente abrió los ojos, miró el rostro que respiraba frente al de ella. Había estado soñando con conejos que se comían todas las fresas de un campo surreal.
Podría haberse callado y haber esperado a recuperar el sueño pero decidió prender un cigarro. Esa era la primera noche que pasaba junto a él y fue agradable mirar, con la poca luz que entraba por la ventana, su rostro tranquilo y hermoso soñando probablemente con las tierras sureñas de su infancia.
Se puso a analizarle el rostro con más calma, ahora el cuarto olía a tabaco con mentol, vio la piel blanca, los labios rosas, el inferior más carnoso que el superior, las cejas pobladas, la nariz aguileña y las gruesas y largas pestañas negras que hacían juego con todos los cabellos y pelos de su delgado cuerpo.
Tal vez en su familia hubiera algún tío turco, o árabe, porque con esa luz y a esas horas Domingo parecía del medio oriente.
No entendía bien qué hacía con él en ese lugar, jamás podrían ser felices y eso lo sabían desde el principio, pero no tenían nada mejor que hacer, no tenían a alguien mejor con quien relacionarse y hoy compartían el mismo lecho para dormir y hacer el amor.
De pronto, en medio del silencio de la noche, escuchó una música que provenía de la calle, se colaba por la ventana abierta, traída por el aire caliente del verano.
Era bossa nova y eso le alegraba el oído, la trillada pero siempre bella chica de Ipanema se goteaba acústicamente por la ventana, debía provenir del apartamento del edificio de enfrente que rentaba la pareja de brasileños morenos, le gustaba pensar que así como ellos lucían Adán y Eva, fuertes, macizos, hermosos.
Se quedó respirando el momento hasta que el cigarro se acabó de consumir. Un cambio en la respiración de Domingo le hizo comprender que había despertado, se acomodaron en un abrazo tierno y mientras las canciones de Antonio Jobim inundaban de armonía la habitación, se miraron a los ojos dándose a entender que aunque en unas horas, mañana o en semanas todo eso se fuera a la mierda, aquel momento de noche, cariño y bossa nova, se habían sentido felices con la desnuda presencia del otro.
viernes, 26 de diciembre de 2008
lunes, 15 de diciembre de 2008
Confesión
Uno de mis peores defectos -sino es el que el peor- es que antes de racionalizar las cosas, las siento, aunque mucha gente lo dude, soy extremadamente sentimental...
Otro es mi excelente memoria, la cual me atormenta con el negarse a olvidar las cosas y personas que sería mucho más saludable dejar atrás...
Y puedo seguir describiendo mis defectos, pero solamente mencionaré esos dos que han hecho demasiado ruído en mis reflexiones de la tarde y se han ganado que las publique.
¿Cuál es vuestro peor defecto?
Otro es mi excelente memoria, la cual me atormenta con el negarse a olvidar las cosas y personas que sería mucho más saludable dejar atrás...
Y puedo seguir describiendo mis defectos, pero solamente mencionaré esos dos que han hecho demasiado ruído en mis reflexiones de la tarde y se han ganado que las publique.
¿Cuál es vuestro peor defecto?
lunes, 8 de diciembre de 2008
La Primera Vez
Una virgen atemorizada se desnuda por primera vez ante los ojos de su cazador hambriento, inquietante olor el de ese cuarto oscuro, huele a cigarro, a cerveza y a profanación.
Cayó la última prenda al suelo, él la veía tendido en la cama, listo, expectante, ella se acercó y él notó el temblor en sus manos que sujetó con rapidez y acomodó en su miembro.
Ella tenía los ojos grandes pero los abrió un poco más, en ellos se leía el miedo, no solo del dolor físico que aquella bestia encendida podría causarle, temía el dolor en su corazón.
Él la tomó del cuello y la besó, se abrazaron, se acariciaron, el miedo poco a poco iba cediendo, tal vez hoy pudiera escribir una carta de amor con un cuento breve, con un hombre y una mujer que se amarían al mismo ritmo.
De pronto todo se detuvo, los grandes ojos lo vieron: era momento de hacer lo que habían venido a hacer.
Una pregunta y el dolor de la penetración la hicieron cerrar los ojos y ahogar un grito: ¿Será él el indicado?
Demasiado tarde para dudar y no pudo hablar porque cayeron unos labios sobre los suyos, no solo era el cuerpo lo que tenía desnudo esa joven mujer, tenía desnuda el alma entera.
No se había equivocado, ese hombre era una bestia: el tamaño de su cuerpo, su piel morena, sus negros cabellos, su peso, su agitada respiración y los gemidos que se le escapaban provocaban en ella sentimientos ambivalentes: cierto placer y pánico.
Ella no sabía ni qué sentir, pero si él era bueno en algo era en el sexo, le besó las orejas, le mordió el lóbulo, le besó el cuello, le acarició los senos. No descansó hasta que ella, por primera vez, temblara entre sus brazos de puro placer.
Acabó con un suspiro y se movió para dejarla respirar, miró su rostro, era perplejo, los grandes ojos miraban el techo como si leyeran una noticia de último momento pintada ahí.
Los grandes ojos se cerraron para tratar de comprender lo que había pasado, él encendió un cigarro y se dirigió al baño.
De pronto todo se enfrío, el sudor que cubría su femenino cuerpo se heló.
Le hubiera gustado que le preguntara cómo estaba, cómo se sentía, o que solamente la abrazara en silencio y se pusiera a ver el techo con ella, como si la amara de verdad.
Se cubrió hasta el cuello con las sábanas que estaban más frías aún, siguió mirando el techo, él salió del baño, no la miró…
Se empezó a vestir, primero los bóxers, luego las calcetas, los jeans, la camisa, antes de ponerse las botas, se sentó junto a ella en la fría cama, le acarició la frente: “No seas dramática, ni que te hubiera hecho daño, tengo que irme, si quieres quedarte a dormir tú sabrás, si no, me cierras bien la puerta, si me roban te voy a culpar a ti. Cuídate mi niña, nos vemos luego".
Los grandes ojos lo vieron salir del cuartucho.
Los grandes ojos no supieron porqué llorar.
Cayó la última prenda al suelo, él la veía tendido en la cama, listo, expectante, ella se acercó y él notó el temblor en sus manos que sujetó con rapidez y acomodó en su miembro.
Ella tenía los ojos grandes pero los abrió un poco más, en ellos se leía el miedo, no solo del dolor físico que aquella bestia encendida podría causarle, temía el dolor en su corazón.
Él la tomó del cuello y la besó, se abrazaron, se acariciaron, el miedo poco a poco iba cediendo, tal vez hoy pudiera escribir una carta de amor con un cuento breve, con un hombre y una mujer que se amarían al mismo ritmo.
De pronto todo se detuvo, los grandes ojos lo vieron: era momento de hacer lo que habían venido a hacer.
Una pregunta y el dolor de la penetración la hicieron cerrar los ojos y ahogar un grito: ¿Será él el indicado?
Demasiado tarde para dudar y no pudo hablar porque cayeron unos labios sobre los suyos, no solo era el cuerpo lo que tenía desnudo esa joven mujer, tenía desnuda el alma entera.
No se había equivocado, ese hombre era una bestia: el tamaño de su cuerpo, su piel morena, sus negros cabellos, su peso, su agitada respiración y los gemidos que se le escapaban provocaban en ella sentimientos ambivalentes: cierto placer y pánico.
Ella no sabía ni qué sentir, pero si él era bueno en algo era en el sexo, le besó las orejas, le mordió el lóbulo, le besó el cuello, le acarició los senos. No descansó hasta que ella, por primera vez, temblara entre sus brazos de puro placer.
Acabó con un suspiro y se movió para dejarla respirar, miró su rostro, era perplejo, los grandes ojos miraban el techo como si leyeran una noticia de último momento pintada ahí.
Los grandes ojos se cerraron para tratar de comprender lo que había pasado, él encendió un cigarro y se dirigió al baño.
De pronto todo se enfrío, el sudor que cubría su femenino cuerpo se heló.
Le hubiera gustado que le preguntara cómo estaba, cómo se sentía, o que solamente la abrazara en silencio y se pusiera a ver el techo con ella, como si la amara de verdad.
Se cubrió hasta el cuello con las sábanas que estaban más frías aún, siguió mirando el techo, él salió del baño, no la miró…
Se empezó a vestir, primero los bóxers, luego las calcetas, los jeans, la camisa, antes de ponerse las botas, se sentó junto a ella en la fría cama, le acarició la frente: “No seas dramática, ni que te hubiera hecho daño, tengo que irme, si quieres quedarte a dormir tú sabrás, si no, me cierras bien la puerta, si me roban te voy a culpar a ti. Cuídate mi niña, nos vemos luego".
Los grandes ojos lo vieron salir del cuartucho.
Los grandes ojos no supieron porqué llorar.
martes, 2 de diciembre de 2008
Verde Canalla / Puesto
Una disculpa porque no he tenido inspiración para hacer un cuentito de esos de mujeres asesinas que suelo hacer. Por el momento solo escribo pequeños pensamientos que subo en el otro blog de mi autoría Perfectamente Vacía
A continuación unas canciones, la primera, del álbum Velvetina del 2005, desde la madre patria Miguel Bosé con Verde Canalla, una delicia de canción, de disco y de interprete. XD
Ahora nos vamos al sur, a Argentina, del álbum Anoche también del 2005, los Babasónicos nos regalan esta canción: Puesto, la cual tiene una dedicatoria para un imposible e impasible encuentro.
Sos hermoso y el mundo sonríe conmigo...
A continuación unas canciones, la primera, del álbum Velvetina del 2005, desde la madre patria Miguel Bosé con Verde Canalla, una delicia de canción, de disco y de interprete. XD
Ahora nos vamos al sur, a Argentina, del álbum Anoche también del 2005, los Babasónicos nos regalan esta canción: Puesto, la cual tiene una dedicatoria para un imposible e impasible encuentro.
Sos hermoso y el mundo sonríe conmigo...
sábado, 22 de noviembre de 2008
miércoles, 22 de octubre de 2008
La luna nos vio besarnos
-Sabes, creo que me debes algo
-¿Cómo qué?
-Como un beso
-Yo no te debo nada
-Sí, sí me lo debes, por que te amé y nunca me lo has dado
-Tú sabes que no puedo… aunque lo quisiera…
-Si lo quieres ¿qué más da?
-Es como una infidelidad
-Infidelidad que teniendo hoy la oportunidad no lo hagas
-Pero…
Antes de que él concluyera, ella fue veloz, atrapó sus labios entre los de ella, rápidamente los abrió para sentir la lengua tímida que no quería ceder, pero que terminó bailando al mismo ritmo que la de ella.
Acabó tomándole el labio inferior con sus dientes, sin tanta fuerza para no lastimar.
Los brazos prendidos al otro cuerpo, como si nunca se quisieran volver a separar.
A ella se le escapó un suspiro y él no aguantó más, tiró levemente de sus cabellos, se acercó a su oído y habló como debió de haberlo hecho desde hace tiempo, dejando sus prejuicios atrás:
-Qué ganas de que te pongas el vestido rojo solo para mí, de arrancártelo como debió ser aquella noche, de que me quites el saco, la corbata y el cinturón, y hacer lo que estaba escrito pero que no nos atrevimos, de quedarme dormido sobre tu cabello, abrazado a tu cintura para compartir el mismo sueño una y otra vez, poder despertar a tu lado y saberte solo mía…
Y qué ganas tenían los dos, pero ambos sabían que las cosas no podían ser así, pronto debían volver a la realidad y mañana despertarían cada uno en su cama, solos, pensando que hubiera sido hermoso intentar regresar al pasado, a la noche del vestido rojo, imaginar que nunca lloraron, que nunca se perdieron, ni se mintieron, que la distancia y la rutina no acabó por matarlos y llevarlos a terminar entre caricias baratas que no saben a amor, más bien saben a momento…
-Sígueme abrazando que me estoy haciendo vieja
-La luna es el testigo de mi amor, la luna nos vio besarnos…
-¿Cómo qué?
-Como un beso
-Yo no te debo nada
-Sí, sí me lo debes, por que te amé y nunca me lo has dado
-Tú sabes que no puedo… aunque lo quisiera…
-Si lo quieres ¿qué más da?
-Es como una infidelidad
-Infidelidad que teniendo hoy la oportunidad no lo hagas
-Pero…
Antes de que él concluyera, ella fue veloz, atrapó sus labios entre los de ella, rápidamente los abrió para sentir la lengua tímida que no quería ceder, pero que terminó bailando al mismo ritmo que la de ella.
Acabó tomándole el labio inferior con sus dientes, sin tanta fuerza para no lastimar.
Los brazos prendidos al otro cuerpo, como si nunca se quisieran volver a separar.
A ella se le escapó un suspiro y él no aguantó más, tiró levemente de sus cabellos, se acercó a su oído y habló como debió de haberlo hecho desde hace tiempo, dejando sus prejuicios atrás:
-Qué ganas de que te pongas el vestido rojo solo para mí, de arrancártelo como debió ser aquella noche, de que me quites el saco, la corbata y el cinturón, y hacer lo que estaba escrito pero que no nos atrevimos, de quedarme dormido sobre tu cabello, abrazado a tu cintura para compartir el mismo sueño una y otra vez, poder despertar a tu lado y saberte solo mía…
Y qué ganas tenían los dos, pero ambos sabían que las cosas no podían ser así, pronto debían volver a la realidad y mañana despertarían cada uno en su cama, solos, pensando que hubiera sido hermoso intentar regresar al pasado, a la noche del vestido rojo, imaginar que nunca lloraron, que nunca se perdieron, ni se mintieron, que la distancia y la rutina no acabó por matarlos y llevarlos a terminar entre caricias baratas que no saben a amor, más bien saben a momento…
-Sígueme abrazando que me estoy haciendo vieja
-La luna es el testigo de mi amor, la luna nos vio besarnos…
jueves, 9 de octubre de 2008
Morfina Roja
Si fresas me da la vida, solo me queda comer mermelada...
Si paso los días en campos de fresas, sacúdeme con el narcótico humo del amor.
Cálmame, antes de que el crepúsculo me deje ciega, y la luna no brille porque no hay corazones.
Cuando el amor se viste de rojo, los gitanos juegan a bailar y me hago invisible en la biblioteca.
No me vas a querer cuando me veas la sangre azul y la piel dorada, o solo notes el tatuaje de OM en mi nuca.
Ese cabello no es mío, ni esa pulsera de caracolas, será de otra, así como tu corazón.
Escríbeme un cuento en el que sea princesa, una muy tonta, una muy fea, sin príncipe, ni razón.
Empuña tu pluma y conviérteme, porque podría ser tuya si lo quisieras, solo debes gritar: ¡Morfina Roja! Para experimentar una sobredosis de amor que en las noches ya no te dejaría dormir. Luego el amor se siente como un problema digestivo y solo queda vomitarlo todo, sentimiento a sentimiento, pasión a pasión. Hasta librarse de la vasca y buscar una presa más eficiente, que no juzgue ni haga escenas.
Espero que no me consuma un bombazo mientras me pruebo un chuyo, porque me falta salir al mundo con una mochila en el hombro y un puño de fresas rojas en la mano.
Si paso los días en campos de fresas, sacúdeme con el narcótico humo del amor.
Cálmame, antes de que el crepúsculo me deje ciega, y la luna no brille porque no hay corazones.
Cuando el amor se viste de rojo, los gitanos juegan a bailar y me hago invisible en la biblioteca.
No me vas a querer cuando me veas la sangre azul y la piel dorada, o solo notes el tatuaje de OM en mi nuca.
Ese cabello no es mío, ni esa pulsera de caracolas, será de otra, así como tu corazón.
Escríbeme un cuento en el que sea princesa, una muy tonta, una muy fea, sin príncipe, ni razón.
Empuña tu pluma y conviérteme, porque podría ser tuya si lo quisieras, solo debes gritar: ¡Morfina Roja! Para experimentar una sobredosis de amor que en las noches ya no te dejaría dormir. Luego el amor se siente como un problema digestivo y solo queda vomitarlo todo, sentimiento a sentimiento, pasión a pasión. Hasta librarse de la vasca y buscar una presa más eficiente, que no juzgue ni haga escenas.
Espero que no me consuma un bombazo mientras me pruebo un chuyo, porque me falta salir al mundo con una mochila en el hombro y un puño de fresas rojas en la mano.
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