Una persona en particular me insiste que la amistad entre un hombre y una mujer no se puede, argumenta que siempre se terminará en cierta atracción por el otro sexo (obviamente si los dos involucrados son heterosexuales). Yo le digo que puede darse una amistad, sobre todo si entre ellos no se encuentran atractivos, o aunque se encuentren, marcando límites que solo conduzcan a una amistad.
Me gustaría conocer su opinión sobre esto ¿Creen que la amistad entre un hombre y una mujer puede existir o tiene trasfondos sexuales?
Gracias por la visita, Fresas.
lunes, 23 de febrero de 2009
jueves, 19 de febrero de 2009
Avadore
Para mi el amor es algo muy difícil de definir, de englobar, es una locura
Billy Corgan explica muy bien lo que para mi es el desgraciado amor.
Billy Corgan explica muy bien lo que para mi es el desgraciado amor.
lunes, 9 de febrero de 2009
viernes, 30 de enero de 2009
Vivo con paranoia
Platicaba con mis amigas cuando me percaté de algo: vivir ya no es tan fácil como antes. Me he dado cuenta de que vivo con paranoia, cosas que antes no me importaban ahora me atemorizan: caminar por la calle sola o de noche, las infecciones por transmisión sexual, mi salud, qué hacer cuando termine de estudiar, qué meterme y qué no, los embarazos no deseados, ir a antros donde las mafias del narco puedan atacar, etc.
Antes esto se me antojaba lejano, inpensable en mi realidad, imposible en mi vida, pero poco a poco -no sé si con los años, las experiencias, las situaciones o todo junto- lo veo a diario, siento el miedo constante, irreparable, y lo que más me pesa en lo que me estoy convirtiendo: en alguien desconfiado y calculador. Se me pierde la espontaneidad, se me escapan las ganas.
Hasta las relaciones personales se complican con todo esto, y lo más seguro es quedarse solo, con uno mismo, con la seguridad del cuerpo y del alma, pero ¿a qué precio? Habrá quien gustoso lo pague, pero yo no, no me gusta estar sola y menos quedarme con una paranoica temerosa como yo, que en todos lados encuentra un riesgo.
Necesito terapia urgentemente, si no, a ver que me invento para no vivir así.
Antes esto se me antojaba lejano, inpensable en mi realidad, imposible en mi vida, pero poco a poco -no sé si con los años, las experiencias, las situaciones o todo junto- lo veo a diario, siento el miedo constante, irreparable, y lo que más me pesa en lo que me estoy convirtiendo: en alguien desconfiado y calculador. Se me pierde la espontaneidad, se me escapan las ganas.
Hasta las relaciones personales se complican con todo esto, y lo más seguro es quedarse solo, con uno mismo, con la seguridad del cuerpo y del alma, pero ¿a qué precio? Habrá quien gustoso lo pague, pero yo no, no me gusta estar sola y menos quedarme con una paranoica temerosa como yo, que en todos lados encuentra un riesgo.
Necesito terapia urgentemente, si no, a ver que me invento para no vivir así.
lunes, 26 de enero de 2009
viernes, 9 de enero de 2009
viernes, 26 de diciembre de 2008
Respirando el Momento
Tranquilamente abrió los ojos, miró el rostro que respiraba frente al de ella. Había estado soñando con conejos que se comían todas las fresas de un campo surreal.
Podría haberse callado y haber esperado a recuperar el sueño pero decidió prender un cigarro. Esa era la primera noche que pasaba junto a él y fue agradable mirar, con la poca luz que entraba por la ventana, su rostro tranquilo y hermoso soñando probablemente con las tierras sureñas de su infancia.
Se puso a analizarle el rostro con más calma, ahora el cuarto olía a tabaco con mentol, vio la piel blanca, los labios rosas, el inferior más carnoso que el superior, las cejas pobladas, la nariz aguileña y las gruesas y largas pestañas negras que hacían juego con todos los cabellos y pelos de su delgado cuerpo.
Tal vez en su familia hubiera algún tío turco, o árabe, porque con esa luz y a esas horas Domingo parecía del medio oriente.
No entendía bien qué hacía con él en ese lugar, jamás podrían ser felices y eso lo sabían desde el principio, pero no tenían nada mejor que hacer, no tenían a alguien mejor con quien relacionarse y hoy compartían el mismo lecho para dormir y hacer el amor.
De pronto, en medio del silencio de la noche, escuchó una música que provenía de la calle, se colaba por la ventana abierta, traída por el aire caliente del verano.
Era bossa nova y eso le alegraba el oído, la trillada pero siempre bella chica de Ipanema se goteaba acústicamente por la ventana, debía provenir del apartamento del edificio de enfrente que rentaba la pareja de brasileños morenos, le gustaba pensar que así como ellos lucían Adán y Eva, fuertes, macizos, hermosos.
Se quedó respirando el momento hasta que el cigarro se acabó de consumir. Un cambio en la respiración de Domingo le hizo comprender que había despertado, se acomodaron en un abrazo tierno y mientras las canciones de Antonio Jobim inundaban de armonía la habitación, se miraron a los ojos dándose a entender que aunque en unas horas, mañana o en semanas todo eso se fuera a la mierda, aquel momento de noche, cariño y bossa nova, se habían sentido felices con la desnuda presencia del otro.
Podría haberse callado y haber esperado a recuperar el sueño pero decidió prender un cigarro. Esa era la primera noche que pasaba junto a él y fue agradable mirar, con la poca luz que entraba por la ventana, su rostro tranquilo y hermoso soñando probablemente con las tierras sureñas de su infancia.
Se puso a analizarle el rostro con más calma, ahora el cuarto olía a tabaco con mentol, vio la piel blanca, los labios rosas, el inferior más carnoso que el superior, las cejas pobladas, la nariz aguileña y las gruesas y largas pestañas negras que hacían juego con todos los cabellos y pelos de su delgado cuerpo.
Tal vez en su familia hubiera algún tío turco, o árabe, porque con esa luz y a esas horas Domingo parecía del medio oriente.
No entendía bien qué hacía con él en ese lugar, jamás podrían ser felices y eso lo sabían desde el principio, pero no tenían nada mejor que hacer, no tenían a alguien mejor con quien relacionarse y hoy compartían el mismo lecho para dormir y hacer el amor.
De pronto, en medio del silencio de la noche, escuchó una música que provenía de la calle, se colaba por la ventana abierta, traída por el aire caliente del verano.
Era bossa nova y eso le alegraba el oído, la trillada pero siempre bella chica de Ipanema se goteaba acústicamente por la ventana, debía provenir del apartamento del edificio de enfrente que rentaba la pareja de brasileños morenos, le gustaba pensar que así como ellos lucían Adán y Eva, fuertes, macizos, hermosos.
Se quedó respirando el momento hasta que el cigarro se acabó de consumir. Un cambio en la respiración de Domingo le hizo comprender que había despertado, se acomodaron en un abrazo tierno y mientras las canciones de Antonio Jobim inundaban de armonía la habitación, se miraron a los ojos dándose a entender que aunque en unas horas, mañana o en semanas todo eso se fuera a la mierda, aquel momento de noche, cariño y bossa nova, se habían sentido felices con la desnuda presencia del otro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

