domingo, 1 de marzo de 2009

El tipo de aquella húmeda y caliente noche

Inexplicable sentimiento se apoderó de sus ojos castaños, no pudo hablar, no supo como mentir, como ocultar la sorpresa provocada por esas manos frías.
Apretó los labios para que de su boca no saliera el menor ruido posible y de un golpe se tragó el cansancio mezclado ahora con una adrenalina que le hacía sudar, que tensionaba sus músculos y acaloraba su piel.
Todo en un imperceptible momento que él no supo interpretar, que su pasión no hacía más que acribillar.
Golpe a golpe en cada poderoso latido de su joven corazón.
¿Cómo hacía para no descoserse entre el tumulto de emociones que el solo contacto de una piel le producía?
Era factible en cualquier momento que su piel se quebrara como una porcelana precipitada al suelo y de su interior botara aquel oscuro líquido que se embarra en el más cuidadoso silencio.
No le interesaba nada más, gustosa habría matado en ese momento, y se habría dejado matar.
Nadie pudo entender qué fue lo qué pasó esa noche y cómo a todos los recuerdos les pasa, el tiempo lo fue deformando, lo fue volviendo amarillento y frágil como hojas de papel. Aún no se si hicieron el amor, tuvieron sexo o solo fue un incontrolable toqueteo que los dejo más perturbados que al inicio, antes de haberse conocido, cuando sus miradas se cruzaban en sueños, pero no podían posar las manos sobre la mutua piel.
Después de aquella húmeda y cálida noche, ella cayó enferma de largos insomnios, de un sueño sin sueños que no le permitía descansar y una calentura que a fuego lento le cocinaba cada neurona hasta hacerla sentir que iba a explotar.
Lo último que me contó fue que no volvió a verlo, que se le fue con la resaca y el último sueño hecho realidad.
No recordamos su nombre, pero su atuendo está presente en mi memoria, los botines limpios, las muñecas cubiertas de pulseras, el saco de pana, la playera deslavada y los vaqueros. Sin embargo, mi mente esconde el color de sus ojos, recuerdo un rostro sin facciones, una cabeza sin cara.
Si hoy lo viera no reconocería que fue él, y él no sabría todo lo que yo sé porque no tendría oportunidad de decírselo, de hacerlo callar, porque sus pisadas aún resuenan por toda la casa y hay un olor que percibo solo cuando el viento esta sereno y no lo arranca da las paredes para llevárselo a pasear.
Probablemente si lo huelo lo reconocería, entonces podría decirle lo que ella vivió, podría decirle cómo lo extrañamos: ella por haberla tocado, yo por no haberme hecho caso.
Su encanto tiene un efecto perdurable y de noche parece como si fuera a venir buscando a alguna de las dos, para callarnos a besos y sacrificar los restos de nuestra inocencia en una noche mucho más caliente que larga, mucho más húmeda que oscura.
Ojalá vuelva pronto, ojalá llegara ya.

lunes, 23 de febrero de 2009

¿Amistad entre géneros?

Una persona en particular me insiste que la amistad entre un hombre y una mujer no se puede, argumenta que siempre se terminará en cierta atracción por el otro sexo (obviamente si los dos involucrados son heterosexuales). Yo le digo que puede darse una amistad, sobre todo si entre ellos no se encuentran atractivos, o aunque se encuentren, marcando límites que solo conduzcan a una amistad.

Me gustaría conocer su opinión sobre esto ¿Creen que la amistad entre un hombre y una mujer puede existir o tiene trasfondos sexuales?

Gracias por la visita, Fresas.

jueves, 19 de febrero de 2009

Avadore

Para mi el amor es algo muy difícil de definir, de englobar, es una locura

Billy Corgan explica muy bien lo que para mi es el desgraciado amor.

lunes, 9 de febrero de 2009

Ventura Highway

No puedo dejar de escucharla... No se por qué...

viernes, 30 de enero de 2009

Vivo con paranoia

Platicaba con mis amigas cuando me percaté de algo: vivir ya no es tan fácil como antes. Me he dado cuenta de que vivo con paranoia, cosas que antes no me importaban ahora me atemorizan: caminar por la calle sola o de noche, las infecciones por transmisión sexual, mi salud, qué hacer cuando termine de estudiar, qué meterme y qué no, los embarazos no deseados, ir a antros donde las mafias del narco puedan atacar, etc.

Antes esto se me antojaba lejano, inpensable en mi realidad, imposible en mi vida, pero poco a poco -no sé si con los años, las experiencias, las situaciones o todo junto- lo veo a diario, siento el miedo constante, irreparable, y lo que más me pesa en lo que me estoy convirtiendo: en alguien desconfiado y calculador. Se me pierde la espontaneidad, se me escapan las ganas.

Hasta las relaciones personales se complican con todo esto, y lo más seguro es quedarse solo, con uno mismo, con la seguridad del cuerpo y del alma, pero ¿a qué precio? Habrá quien gustoso lo pague, pero yo no, no me gusta estar sola y menos quedarme con una paranoica temerosa como yo, que en todos lados encuentra un riesgo.

Necesito terapia urgentemente, si no, a ver que me invento para no vivir así.

lunes, 26 de enero de 2009

viernes, 9 de enero de 2009

La Pareja Perfecta

Tu eres un cabrón

Yo soy una pendeja

Juntos corazón

Somos la pareja perfecta